Beer cocktail

 

Por primera vez en mi vida he hablado con un auténtico Ángel. Gracias a él pude hacerme un hueco en la fiesta que tenía lugar en Dry Cosmopolitan. Y no es que  hiciera aquello de Mecano ‘allí me planté y en tu fiesta me colé’, simplemente apareció de entre la multitud y con un guiño me preguntó  ‘¿qué quieres?’.

¿Qué quiero?, que me sorprendan. Constantemente. A diario. A todas horas, soy insaciable. Siempre quiero más. Y más. Y más. Y a pesar de que este post parezca que tiene tintes sexuales, nada que ver. Bueno igual sí…porque saborear el Mojito Red Fruits acompañada por una Noche Jerezana hizo que se activara la parte reptiliana de mi cerebro. La que regula mis instintos más básicos.

 

Salvajemente conseguí olvidar el ruido que montaba la convención de botox y gafa-pasta  que estaba teniendo lugar en Dry Cosmopolitan. Javier de las Muelas se pasó por allí, con sus pantalones a cuadros, su camisa indescriptible acompañado por el más bajito de los Tricicle. No sé cómo se llama y tuvieron que decirme ‘ese es el de Tricicle’ para que yo ahora pueda escribirlo.  Y allí estaba yo. Disfrutando, saboreando, deleitándome en los sabores combinados a  la perfección de ron y frutas del bosque.

También probé la Noche Jerezana. Pero he de confesar que ya había tomado ese manjar de cerveza Mahou, Pedro Ximénez, pimienta y naranja (si lleva algún ingrediente más no lo supe distinguir, estoy aprendiendo a catar) en Madrid Fusión.  El ruido iba creciendo, y al acabarse el manjar me topé con la realidad. Centenares de personas, rodeándome, apretándome, y quitándome las ganas de seguir disfrutando a bocados. Pudieron conmigo.

Me acerqué a mi Ángel y le dije que volvería la semana que viene. Él me contestó que me esperaría. Y me sacó la última sonrisa de la noche. Un Ángel esperando por mí! Y me da igual si se lo dice a todas. Ese momento, en ese justo instante, fue para mí. Espero poder tomar a Ginger Collins de rehén y dejarnos llevar, por siempre, y esperar que la noche nos diga qué hacemos, a dónde vamos, a quién conocemos. Y  ya tengo compañía. Pero ninguna mejor que la que tuve esa noche.

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