Cadena de Favores

En ocasiones lloro como una magdalena sin motivo. Bueno, motivo hay pero no por cosas tristes sino por cosas bonitas. Hoy he visto un video que ha publicado El bálsamo de Fierabrás y además de estar llorando en la oficina con todo el rimmel emborronando mi cara me he acordado de una película que, por lo que tengo entendido, pasó sin pena ni gloria y a mí me gustó mucho el mensaje.

La película en cuestión es ‘Cadena de favores’. No voy a hacer de spoiler si no la habéis visto pero está muy bien. Básicamente haces un favor a tres personas y cada una de esas tres personas tiene que hacer lo mismo a otras 3 personas diferentes. El mensaje es el mismo, en realidad no cuesta nada hacer el bien o comportarse bien con nuestros semejantes. Ahora os voy a contar una historia en la que los protagonistas somos Supercoco, Robinson y de vez en cuando, yo. (en plan guest star, jajaja)

En frente de nuestra casa han puesto un supermercado y allí, en la puerta, todos los sábados hay un hombre vendiendo ‘La Farola’. Todos entran y salen sin fijarse en su existencia, y me recuerda un poco a la canción de Bob Dylan, Like a Rolling Stone. Los sábados, que es cuando tenemos tiempo de hacer la compra y nos acercamos al súper, bien Supercoco, bien yo,  compramos extra. Es decir, compramos arroz, pasta o lentejas, leche, galletas, tomate, atún…. Una pequeña compra de unos 5 o 6 euros que damos siempre a nuestro hombre de ‘La Farola’. Siempre nos recibe con una sonrisa que vale más que mil soles y nos saluda con un “buenos días, cómo está usted y su señora?” (no me acostumbro, la verdad al trato de señora, esposa de…) El otro día le dimos una bolsa y dentro llevaba el recibo de no se qué compra que realicé. El fin de semana siguiente se lo dio a Supercoco diciendo que igual era importante para ‘su señora’. Lo había guardado toda una semana para devolverlo. Me pareció  un gran gesto por su parte. La verdad.

La gente que sale con nosotros a la vez de la tienda, se nos queda mirando extrañados y muchos murmullan. Sinceramente, nos da igual. Son unos pocos euros de más que nos gastamos y si eso ayuda a que él no pase tanta hambre pues mejor y el día que no podamos darle esa ayuda pues no podremos. Nos mudaremos a una casa más barata y viviremos de pan y cebolla.

Esta historia viene a que en realidad no nos cuesta nada fijarnos en quienes tenemos enfrente. No son invisibles, pese a que en nuestra ajetreada vida pasemos de largo. Tienen sus historias y sus penas. No les ha ido bien la vida, por decisiones erróneas o por lo que sea, no somos quienes para juzgar. Pero sí que podemos ayudar un poquito más. Tampoco voy a salvar el mundo, ni quitar el hambre en la tierra, pero sí que puedo ayudar y sí que quiero ayudar.

Robinson es de Nigeria y su vida seguramente será un fecaloma del tamaño de Manhattan y lo ayudaremos mientras podamos. Y el día que no lo veo me preocupo. Tendré que preguntar dónde vive o darle mi número de teléfono, por si algún día necesita una ayuda más importante que un paquete de arroz.

PD: y que conste que esta historia no la he contado para que digáis nada. Si no para que veáis que si se quiere, se puede.

10 Comments

  1. manyez dice:

    Ya me has dejado sonriendo para todo el dia!
    Un abrazo para supercoco y para ti 🙂

  2. Javier Macias (@drjmacias) dice:

    Apúntate otro al que le has alegrado el día. Mientras haya gente como vosotros este mundo cabroncete tiene arreglo. Un abrazo para los dos; perdón, para los tres, que Robinson también se lo merece.

    • elmarsupio dice:

      Bueno qué vergüenza!! Sí con la entrada OS he hecho pensar un poco me conformo!! Gracias por pasarte!! Y sí, Robinson es muy grande!!

  3. Mercedes dice:

    Si muy pocas veces tengo mal ojo para las personas, Y sabía que con vosotros no me equivocaba.
    Para comeros a los dos!!!
    Besazo

    • elmarsupio dice:

      Jajaja. Mercedes sí que tienes buen ojo, para muestra JM!!! pero lo importante es lo importante y nosotros somos secundarios…
      Gracias por pasarte y comentar! Muuuack

  4. Me quedo con la sonrisa de Robinson y vuestros dos grandes corazones. Un abrazo de los fuertes, fuertes 🙂