El espíritu golfo de San Miguel

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El Mercado de San Miguel tiene algo que lo hace especial. Puede que sea que es el único mercado de principios de siglo XX conservado en su estructura igual que la concibieron los arquitectos de la época. Los carteles de los puestos han sido cuidados al máximo tratando de que recuerde al Madrid de La Violetera. Y es que, La noche madrileña tiene un nuevo lugar de peregrinaje caracterizado por sus pinchos elevados a la categoría de delicatesen. La noche en San Miguel hace renacer los espíritus más golfos aunque su ambiente dista totalmente del resto de Madrid.

La noche cae y se presenta la oportunidad de irse a casa o relajarse con los amigos y colegas. Es el momento en el que los madrileños, de adopción y nacimiento, toman el Mercado para saborear el mundo en pequeños bocados. Según Begoña Ubierna, directora financiera del Mercado de San Miguel, ‘difiere mucho el tipo de personas que vienen durante el día y la noche. En el día, se puede hablar de un 50% entre españoles y 50% de extranjeros, mientras que por la noche el porcentaje se sitúa en un 70-30 a favor de los madrileños’. Esto es, sin duda, a que el espíritu de la noche forma parte de nuestro ADN, mientras que para los extranjeros, esto de la cultura del tapeo entre semana no lo ‘entienden’ como una forma de ser. Ejecutivos que salen de trabajar y quedan con los colegas de trabajo para relajarse o simplemente para hacer algún que otro negocio entre bocados de salmón con tomate verde y anchoas del Cantábrico con sardinas en su salsa, es algo muy español.

Para poder disfrutar de este espacio singular no hay que tener prisa. Hay que dejarse llevar por los puestos, a cada cual más cuidado, para adentrarse en los sabores de la tierra y el mar. Porque en este Mercado, por la noche se puede llegar a cualquier parte del mundo. El lejano oriente de la mano de Shusi y makis de atún rojo, con su wasabi y salsa soja, maridado con una cerveza del país del sol naciente, o el mejor bacalao en cualquiera de sus versiones, marinado, con tomate o con salsa de pimientos del piquillo.

Da igual por qué puesto de degustación vayas primero, lo importante es dejarse llevar por los olores y saborear lo que esté expuesto en las vitrinas, una y otra vez, una y otra vez, hasta completar el circuito. Sólo de esta manera podrás volver a empezar, esta vez sí, discerniendo entre lo que más te ha gustado y lo que menos. Y es que, al fin y al cabo, no todos disfrutan por igual de unas tostas que de unos percebes, porque a no todos les gusta el ‘mar’ que trae consigo el percebe.

Lo que más llama la atención son los puestos de ostras que se maridan con champán francés. Este puesto es uno de los más solicitados junto con El Pescado Original, lo que hace que se tenga que hacer el pedido y buscar sitio en el pasillo central, actividad que puede convertirse en difícil a según qué horas. Pero cuando languidece el sol y renacen las sombras, los espíritus golfos toman el Mercado y hacen rehén a San Miguel. Tras pasar por la zona de mariscos conviene disfrutar de unas buenas totas de ibéricos con su vino. Da igual que sea un Ribera, un Rioja o un Jumilla, lo importante es dejarse llevar porque aún queda mucho mercado que descubrir.

Porque otro de los aspectos más importantes que tiene San Miguel es su ambiente nocturno. ‘es sano y saludable’ en palabras de Begoña Ubierna, y de alto nivel adquisitivo, ya que en los bares madrileños, no es normal que tengan esta calidad de productos y presentación, lo que los hace más mundanos aunque no por ello menos satisfactorios. Una noche, yendo a los puestos menos sibaritas puede llegar a salir por 40 euros entre dos personas. Pero es que la calidad se paga, y la innovación, y el ambiente. Y es lo que hace del Mercado de San Miguel un espacio único en Madrid.

Con premeditación y alevosía.

Acudir al Mercado de San Miguel es aconsejable que se haga entre semana y dejar los fines de semana para los visitantes y extranjeros. Madrid es una ciudad que nunca duerme y merece la pena trasnochar un poco y salir de la rutina diaria, ya que de lunes a jueves el horario es hasta las 12 de la noche. No hay que planear la visita, sólo quedar con los amigos y deambular por los pasillos eligiendo qué comer, qué beber, para volver a empezar una y otra vez

Sin embargo, conviene llegar a primera hora de la noche, porque es el momento en el que hay suficiente gente para no sentirse solo pero no tan abarrotado como para esperar durante largo tiempo para ser atendido y para degustar la cocina tradicional con toques actuales, creados con productos gourmet, creados para los espíritus más golfos e inconformistas de Madrid.

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