Mi Dama Valiente

 

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A veces, ser mujer implica plantar cara. Plantar cara a tu familia, a tus amigos y a tu sociedad. Unas tienen más necesidades de hacer cosas diferentes y otras son engullidas por la ‘norma’. Lo que está bien y lo que está mal, según otros. Normas que han ido cambiando a lo largo de los años pero que se mantienen en las concepciones de muchas de nosotras y también de ellos.

Para que esas normas se cambiaran ha habido dos vías: la lucha y confrontación directa y  la que se ha hecho en la oscuridad, entre bambalinas y con un marcado carácter de resistencia. Las Damas Valientes. A este último es al que me referiré hoy.

Existen muchas maneras de influir en la sociedad y una de ellas es  a través de la educación y ‘normas’ que establezcamos a nuestros hijos. Sin necesidad de alborotos, pancartas y quemas de sujetadores, estas Damas Valientes inculcan la  necesidad de que las mujeres sean libres, independientes, formadas, y a nuestros hombres a respetar como iguales a sus compañeras de trabajo, de escuela y de vida.

Mi Dama Valiente es mi madre.

Ella inculcó a sus hijos (niño  y niña) el respeto hacia el prójimo. Desde bien pequeños nos enseñó a mantenernos por nosotros solos. Aprendimos a cocinar lo básico, a limpiar bien y no “cambiar la porquería de sitio”, a planchar de mejor o peor manera (aquí, Madre, no  has logrado que consiga que una camisa esté planchada… o al menos lo parezca)

También nos enseñó a cuidar el uno del otro y respetarnos. Siempre nos decía “cuida y quiere a tu hermano, es lo único seguro que tienes en esta vida, los amores vienen y van, tu hermano siempre te ayudará, si lo cuidas” y es verdad. Mi hermano siempre está ahí.

Como una termita, sus consejos y opiniones fueron calando en mi conciencia. Marcando para siempre una parte importante de mí forma de ser. Rebelde, contestataria y profesional. Que nadie me tenga que decir cómo tengo que comportarme por ser mujer. Ni qué es a lo que tengo que aspirar en esta vida.

Siempre me dijo que primero iba yo y después el mundo. “Primero saca tus estudios, universidad incluida y cuando ya tengas tu trabajo, entonces, piensa en tener pareja seria” supongo que era  su manera de decirme, “no seas tonta, estudia, fórmate y consigue tus objetivos profesionales porque eso lo tendrás siempre y un marido, tan pronto viene como va”

Son estas mujeres, las que no han salido en procesión, ni llevando pancartas ni han quemado sus sujetadores, las Damas valientes de nuestras sociedades. Maneras diferentes de conseguir un mismo objetivo. La igualdad real entre  hombres y mujeres.

Hoy es tu día, felicidades. Mi Dama Valiente.

 

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