Mujeres y Finanzas: no llegamos a la C-Suite

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Las mujeres no llegan a la C Suite de las empresas financieras. Y eso que desde hace años miles de mujeres trabajan en el sector, ya no como secretarias o haciendo labores administrativas, si no en puestos puramente financieros. Sin embargo, las cosas se muestran, una vez más, con sus estereotipos: las finanzas son cosas de tiburones y las mujeres son vistas como sirenas que embaucan.

Recientemente ha salido publicado en Harvard Business Review (HBR) un artículo que pone de manifiesto que solo el 12% de las mujeres alcanzan el puesto de máxima responsabilidad en empresas financieras, y eso solo en USA. Habría que esperar un informe para España pero ya sabemos la realidad, ¿no?

Dicho artículo hace referencia al análisis realizado para la progresión de la carrera financiera en cada nivel y la realidad muestra que los hombres son promocionados en unos ratios más elevados que sus compañeras femeninas. Esta falta de reconocimiento hace que las mujeres estén más dispuestas a abandonar la carrera ya que no compensa el esfuerzo a realizar ya que no es en las mismas condiciones que sus compañeros.

Esto sucede, según una encuesta realizadas a 850 servicios financieros en donde hay unas 100 mujeres en la Alta Dirección,  muestran que las mujeres que actualmente ocupan puestos directivos han tenido que tratar con cierta cantidad de sexismo. Sin embargo, esta misma encuesta realizada con mujeres Millenials revela que si bien el sexismo parece que hay menos, lo que sí perduran son los sesgos inconscientes que siguen siendo un hándicap para las mujeres que quieren alcanzar puestos directivos.

Y es aquí donde entra de lleno el estudio llamado La Doctrina Athena, en donde se muestra que la definición de liderazgo suele venir precedida de un estereotipo típicamente masculino, tal y como muestran las estadísticas, las mujeres tienden a “masculinizarse”. Esto ofrece como resultado que las mujeres que quieran acceder a puestos de responsabilidad, están obligadas a mantener unos estándares mucho más elevados que sus colegas masculinos.  Es aquí donde, una vez más, se pone de manifiesto que las mujeres que ocupan cargos similares a los hombres están mejor preparadas. Tienen que estarlo.  Tal y como dice HBR ‘las empresas están más dispuestas a tomar riesgos con los hombres en puestos directivos, las mujeres tienen que probar que valen’.

En este sentido, ver las aspiraciones cortadas influye en la pérdida de confianza de las mujeres, tal y como muestra este estudio, y que no es más que la consecuencia de un doble esfuerzo para un mismo resultado.

Pero hay que romper una lanza a su favor. La mayoría de las empresas involucradas en las finanzas están comprometidas con mejorar el equilibrio de género entre sus altos ejecutivos. Con ese fin, han introducido una serie de programas “Women friendly”, como horarios flexibles, licencia parental y programas de mentoría. Y está bien, pero estas medidas son insuficientes al presentar sesgos inconscientes sobre el rol de la mujer (es la que tiene que tener flexibilidad horaria para el cuidado de hijos y mayores, la que solicita reducción de jornada…)

Conseguir que los directivos de nivel medio y superior reconozcan sus sesgos es el primer paso hacia la reforma de la cultura corporativa que pone en desventaja a las mujeres. Pero nosotras también tenemos que reconocer nuestros fallos y reclamar esos puestos en vez de esperar a que se nos reconozca el trabajo por nuestros propios méritos. Hay que levantar la patita y decir, ‘ey, estoy aquí’ para jugar en las ligas mayores.

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Los altos ejecutivos en finanzas no pueden darse el lujo de sentarse y esperar,  adoptando un enfoque pasivo, con la esperanza de  que sea el cambio cultural  el que haga que la industria financiera se adapte.  No solo porque se pierde el talento y la visión de negocio de la mitad de la población, sino porque también se pierde el acceso a las mujeres como clientes.

Según una encuesta de 2013 realizada por CTI, más de la mitad de las mujeres de ingresos altos – aquellas que ganan $ 100,000 al año o más o que poseen activos invertibles de al menos medio millón de dólares – no tienen un asesor financiero. Una de las razones es que no están satisfechas con el servicio que reciben de la empresa de inversión. Esto representa una importante pérdida de ingresos para la industria – hasta 5 billones de dólares en ingresos potenciales en los Estados Unidos, según CTI.

Así que, si no quieren vernos como un beneficio para los resultados directos de la compañía en base a nuestra gestión, tendrán que verlo como una pérdida de oportunidad hacia aquellos clientes femeninos que cada vez más, tienen interés en el control de sus finanzas.

 

Hay que decir que de la lista Forbes de las mujeres más importantes en el sector financiero, solo hay una española: Ana Patricia Botín.

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