Odio a las petardas

nobuko de Line

 

Casi dos meses después de la pérdida de #LaVespa creo que ya puedo estar en condiciones de volver a escribir con El Marsupio delante, esperando.

Muchas cosas son las que han pasado en estos días. La gran mayoría relacionadas con el trabajo y otras que son más de índole personal, pero la que más me ha llamado la atención estos días y que ha hecho que vuelva a teclear han sido las ‘recomendaciones’ por parte del Gobierno para que ninguna de nosotras seamos violadas y esto me ha llevado a la siguiente reflexión que sé que no va a gustar. Pero en mi línea, me da igual.

Si no fuera porque en este gobierno el respeto a la mujer como ser independiente, que toma sus propias decisiones, que sabe lo que quiere y lo que no, brilla por su ausencia, llegaría a pensar que estas ‘recomendaciones’ están hasta bien. Pero igual se les ha olvidado que, mientras vivamos en un mundo en el que se nos enseña a las mujeres a  evitar la violación, en lugar de enseñar a los hombres a no violar, nunca se nos tendrá en cuenta y serán necesarias leyes para tutelarnos. En nuestra vida privada y profesional.

Pero no es de extrañar. Algo tiene la mujer (tenemos) que no permite que nos desarrollemos y seamos iguales que los hombres. Seguimos siendo nosotras las que pedimos reducción de jornada alegando que nuestro sueldo es menor. Seguimos siendo nosotras las que pedimos el día libre para atender al técnico de la lavadora, porque ‘Él no se entera’. Seguimos siendo nosotras las que, cuando vemos a una mujer libre disfrutar de su sexualidad, nos lanzamos a degüello cuchillo en mano. No vaya a ser que exista una mujer que no tiene remordimientos, ni le dé vueltas a las cosas buscando los tres pies al gato.

Y tampoco es de extrañar que no se cuente con las voces expertas de las mujeres porque NO ESTÁN EN LOS MEDIOS. La mujer suele tener el ego al mismo nivel que el de Dios o el de la cucaracha más inmunda. En el primer tipo, la que se cree dios porque ha llegado alto, son las que dicen que sólo quieren ser entrevistadas en grandes medios de comunicación. Las segundas, las que no se valoran, cuando tienen la oportunidad la rechazan porque creen que no valen. Cualquiera de las dos me raya la moral hasta la extenuación.

Y podría seguir en este tema, pero lo haré más adelante. Estoy recopilando datos, cifras, números, que me permitan acreditar todo lo que estoy aprendiendo desde que estoy más rodeada de mujeres que nunca. Y ya aviso; no es bueno lo que veo. Nada bueno.

Las mujeres no podemos aspirar a que el mundo cambie a nuestro favor mientras nos bajemos de los tacones  para ponernos las corbatas. Mientras sigamos haciendo caso al qué dirán. Mientras creamos que solo nosotras somos las únicas capaces de criar a nuestros hijos sin contar con las parejas. Mientras esto ocurra, señoras: DEJEN DE QUEJARSE.

 

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