Seguridad y el Big Data health

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Uno de los aspectos relacionados con la implantación del Big Data en los diversos sectores empresariales es la seguridad. La seguridad al tratar esos datos, como receptores de los mismos-las empresas- la seguridad al transferir esos datos –los sistemas de recopilación de datos- y la seguridad a la hora de entregar nuestros datos-el cliente-. La seguridad y la privacidad son capítulos que merecen una mención aparte.

Pero sin duda, uno de los asuntos más delicados relacionados con nuestros datos son los relativos a la Salud. Según la Agencia de Protección de Datos, los datos sanitarios tienen el máximo nivel de seguridad y son considerados Datos especialmente protegidos. España es uno de los países de la Unión Europea, y del mundo, con mayor protección estatal ante abusos de nuestros datos privados, y los sanitarios, más. Y sin embargo en cuestión de apps de salud somos los más permisivos. Curioso, ¿no?

Hace poco se publicó en El País un artículo relacionado con la seguridad de los datos y a dónde van cuando usamos aplicaciones de salud en nuestro día a día. Este artículo, firmado por Javier Salas, hacía referencia a que las apps de salud no están reguladas por ningún organismo estatal que es el que podría proferir algún tipo de seguridad jurídica ante un abuso o fraude de los mismos. Haciendo referencia al artículo publicado recientemente por JAMA (Journal of the American Medical Association) venía a decir que cuando usamos las apps de salud que hay en los markets de aplicaciones de nuestros teléfonos móviles, no tenemos en cuenta que son datos de carácter privado y que tenemos la falsa creencia de que estarán protegidos a aquella entidad que nos presta el servicio.

Seguridad en las apps de salud

Sin embargo, recientes estudios aseguran que las aplicaciones no tenían una política e privacidad en un 81%. Del 19% restante, el 80% no protegían la privacidad del usuario y es más, el 50% de ellos los comparte con terceros. Datos realmente alarmantes si tenemos en cuenta que es la información más privada que poseemos, más que los datos bancarios. Y no nos damos cuenta.

Y ese es nuestro problema como usuario. En una era en la que los datos son fundamentales y se han convertido en un valor del negocio, los consumidores y usuarios, tenemos que saber dónde ponemos esos datos, con qué fines serán usados y tener control sobre ellos. Porque el susto puede ser morrocotudo cuando nos encontremos con situaciones como que nos deniegan un seguro de coche por tener diabetes y no controlarla lo suficiente o no atendernos sanitariamente si no cuidamos nuestra alimentación como recomienda la OMS. Los datos que entregamos alegremente en las apps salud nos pueden acarrear muchos más problemas que el que nos jaqueen la cuenta bancaria y nos quiten todos los fondos.

Es más, según el estudio desarrollado por el Instituto Tecnológico de Illinois, las apps de salud venden nuestros datos a terceros con lo que hacen dinero y nosotros, los usuarios, no obtenemos ni un céntimo. Démonos cuenta de que, no solamente podemos fastidiarnos el presente y futuro de nuestra vida al permitir que empresas usen estos datos a su favor y en nuestra contra, por ejemplo las aseguradoras u otro tipo de empresas, sino que, además, estamos perdiendo dinero con ello.

Sin embargo, en el otro lado, surge una corriente que dice que, si das tus datos en apps de salud y en tus redes sociales, ¿por qué no usarlas para ayudar a curar enfermedades?

Aquí nos metemos de lleno en un terreno que roza la fina línea entre lo moralmente aceptable- donar para ayudar- y el dilema ético del uso de los datos sanitarios para salvar enfermedades gracias a medicamentos que generarán millones de ingresos para las farmacéuticas.

Toma ya: ¿ayudo a los demás gracias a mis datos o permito a las farmacéuticas que se hagan más ricas todavía aún sabiendo que se salvarán millones de vidas con ello?

Estamos en un mundo en el que el dato es dinero. Y digo yo, si te da igual que tus datos sean usados para fines “perversos”, al menos haz dinero con ello, ¿no?

Haciendo un paralelismo con la canción de Víctor Manuel “¿A dónde irán los besos que no damos, que guardamos?” nos podemos empezar a preguntar ¿A dónde irán los datos que les damos?”

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